RACISMO EN COLOMBIA: La ONU advierte sobre racismo sistémico y estructural.


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Una realidad que muchas comunidades llevan años denunciando

Como mujer afrodescendiente y profesional del área de la salud, leer el reciente informe de Naciones Unidas sobre racismo estructural en Colombia no me sorprendió, pero sí me confrontó profundamente. Porque muchas de las situaciones que hoy describen expertos internacionales no son nuevas para quienes hemos vivido, trabajado y crecido en medio de desigualdades que muchas veces se normalizan tanto, que dejan de ser visibles para gran parte de la sociedad.

Este artículo lo escribo con el fin de generar reflexión, abrir conversaciones necesarias y visibilizar realidades que durante años han sido denunciadas por comunidades afrodescendientes, líderes sociales y defensores de derechos humanos en Colombia. No desde el odio, la división o el resentimiento, sino desde la necesidad de reconocer problemáticas históricas que todavía afectan la vida de millones de personas y que merecen ser escuchadas con empatía, humanidad y responsabilidad.

Este texto es una opinión personal e informativa basada en el reciente informe presentado por expertos independientes de Naciones Unidas sobre discriminación racial en Colombia. No reemplaza información oficial ni representa una postura institucional.

Hablar de racismo estructural en Colombia incomoda a muchas personas porque implica aceptar que la desigualdad no siempre ocurre por casualidad o únicamente por decisiones individuales. Significa reconocer que existen comunidades que históricamente han tenido menos acceso a oportunidades, protección estatal, educación, salud, empleo digno y representación política.

El informe de la ONU y lo que realmente significa

El informe presentado por un mecanismo independiente de Naciones Unidas concluyó que en Colombia persiste un racismo “estructural, sistémico e histórico” contra las comunidades afrodescendientes. Y aunque para algunas personas estas palabras pueden sonar exageradas, para muchas familias negras en Colombia describen experiencias cotidianas que atraviesan generaciones enteras.

Cuando la ONU habla de racismo estructural no se refiere únicamente a insultos o actos explícitos de discriminación. Habla de sistemas sociales, económicos e institucionales que terminan afectando desproporcionadamente a ciertas poblaciones. Habla de territorios históricamente olvidados, de comunidades enteras viviendo entre pobreza y violencia, y de personas que deben esforzarse el doble para acceder a oportunidades básicas.

Durante la visita de los expertos internacionales a Colombia, se realizaron encuentros con organizaciones sociales, líderes comunitarios, víctimas y representantes del Gobierno. Los expertos escucharon denuncias relacionadas con perfilamiento racial, desplazamiento forzado, violencia territorial, pobreza, exclusión y desconfianza hacia las instituciones.

El racismo que muchas veces no se quiere ver

Uno de los puntos que más me impactó fue cuando los expertos afirmaron que en Colombia el racismo suele estar “normalizado e invisibilizado”. Porque creo que muchas personas afrodescendientes hemos sentido exactamente eso: la necesidad constante de explicar que ciertas desigualdades sí existen mientras otros las minimizan o las niegan.

En Colombia todavía hay personas que creen que hablar de racismo es exagerar o “victimizarse”. Pero el racismo estructural muchas veces no se presenta de forma evidente. A veces aparece en cosas aparentemente pequeñas que se repiten durante toda una vida: que se dude más de tu capacidad profesional, que ciertos rasgos físicos sigan siendo motivo de estigmatización, que vivir en determinados territorios implique menos oportunidades o que algunas comunidades sean asociadas automáticamente con pobreza, violencia o criminalidad.

También se refleja en cifras. Muchas de las regiones con mayor presencia afrodescendiente continúan teniendo altos índices de pobreza, violencia, abandono estatal y dificultades de acceso a servicios básicos. Y aunque estas problemáticas tienen múltiples causas, ignorar el componente histórico y racial sería negar una parte importante de la realidad colombiana.

Lo que organizaciones afrocolombianas llevan años diciendo

Algo importante es que este informe no revela una situación desconocida. Diversas organizaciones afrocolombianas, académicos, líderes sociales y movimientos comunitarios llevan décadas denunciando estas problemáticas. Comunidades del Pacífico colombiano, organizaciones de mujeres negras y defensores de derechos humanos han advertido durante años sobre el abandono estatal, el desplazamiento forzado, la violencia armada y las enormes desigualdades que afectan principalmente a territorios afrodescendientes.

Muchas veces estas denuncias fueron ignoradas o tratadas como temas secundarios dentro de la conversación nacional. Por eso, para algunas organizaciones, el informe de Naciones Unidas representa una validación internacional de situaciones que llevan mucho tiempo ocurriendo y que no comenzaron ahora.

La representación también importa

Durante la visita de los expertos internacionales también hubo reuniones con representantes de la Vicepresidencia. Francia Márquez ha insistido en diferentes espacios nacionales e internacionales en que Colombia no puede seguir negando la existencia del racismo y las desigualdades históricas que afectan a las comunidades afrodescendientes.

Más allá de las posiciones políticas que puedan existir alrededor de su figura, para muchas personas afrocolombianas su presencia en la Vicepresidencia tiene un peso simbólico importante. Porque históricamente las comunidades negras han estado ausentes de muchos espacios de poder y toma de decisiones en el país.

La representación por sí sola no transforma automáticamente las condiciones sociales, pero sí puede abrir conversaciones que durante años fueron silenciadas o invisibilizadas.

Racismo estructural y salud: una relación de la que poco se habla

Desde mi experiencia en el área de la salud, he entendido que la desigualdad también se refleja directamente en el bienestar físico y emocional de las personas. He visto pacientes llegar tarde a consultas porque viven en territorios donde acceder a atención médica sigue siendo difícil. He visto mujeres afrodescendientes intentando sostener económicamente a sus familias mientras enfrentan violencia, agotamiento físico y precariedad laboral.

También he visto cómo muchas comunidades viven en un estado constante de estrés, miedo e incertidumbre. Y eso tiene consecuencias reales sobre la salud mental y física. El cuerpo también carga las consecuencias de la desigualdad social, del abandono y de la violencia.

Por eso creo que hablar de racismo estructural no es solamente hablar de política o historia. También es hablar de salud pública, bienestar emocional, calidad de vida y acceso digno a derechos básicos.

Una conversación que Colombia todavía necesita tener

La discusión que abrió este informe no debería convertirse en una pelea política ni en una competencia sobre quién ha sufrido más. Tampoco debería generar rechazo automático simplemente porque incomoda. Creo que debería servir para escuchar, analizar y reconocer realidades que durante mucho tiempo han sido ignoradas o minimizadas.

Reconocer que existe desigualdad no significa odiar al país. Significa entender que todavía hay heridas históricas que no han sido resueltas y comunidades que continúan enfrentando barreras profundas.

Y aunque Naciones Unidas hizo recomendaciones relacionadas con justicia, inversión social y fortalecimiento de políticas públicas, siento que también existe una conversación más cotidiana que debemos empezar a tener como sociedad: cómo hablamos de las comunidades afrodescendientes, qué estereotipos seguimos normalizando y qué tan dispuestos estamos realmente a reconocer desigualdades que no siempre vivimos en carne propia.

Porque muchas veces el primer paso para transformar una realidad es dejar de fingir que no existe.

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